La magia de cada día

“Existen dos formas de ver la vida: una es creer que no existen los milagros, la otra es creer que todo es un milagro”      (A. Einstein)

El tiempo vuela… parece que fue ayer… la vida son dos días...

Frases y más frases alusivas al rápido e inexorable paso del tiempo en nuestras vidas. Sentencias que, de algún modo, parecen indicarnos que se nos hace corta nuestra estancia en el planeta, que no nos llegan los días para poder hacer todo lo que desearíamos hacer.

Sin embargo, como muy bien indicó Albert Einstein, el más famoso físico del siglo XX, el tiempo es algo relativo, un elemento cuyo valor depende del observador, de la persona que experimenta el paso de los acontecimientos, según sus particulares características y situación.

Conviene, además, que distingamos el tiempo del reloj del, puramente, psicológico (tal como lo percibimos). Todos experimentamos, o hemos experimentado alguna vez, su aparente dilatación o contracción, dependiendo de lo entretenidas o rutinarias que sean nuestras actividades. Sabemos que el reloj parece avanzar muy despacio cuando nos involucramos en actividades que no nos gustan, y bastante más rápido cuando estamos disfrutando o divirtiéndonos de verdad.

Por otra parte, dependiendo de lo variados que sean nuestros quehaceres, también vivimos el tiempo de una manera distinta. Cuanto más rutinarias sean nuestras tareas y, en general, nuestra vida, más rápido parecerán sucederse los días (hoy igual que ayer). Por el contrario, una vida entretenida, variada, con cambios en los ambientes y las ocupaciones nos aporta una sensación de mayor dilatación temporal (hacemos muchas cosas en poco tiempo).

Es por esto que el tiempo psicológico (el que nos aporta un mayor o menor disfrute vital) se nutre de dos aspectos clave: variedad y placer. Una vida rica en actividades diferentes, diversa en cuanto a calidad y cantidad, nos parecerá que da mucho de sí, aunque, también, dará la sensación de que no disponemos de suficiente tiempo para hacer todo lo que desearíamos. Por el contrario, una vida monótona, recurrente y con pocas experiencias placenteras nos trasmitirá la sensación de que cada día es igual al anterior, haciéndonos sentir que los años se nos escapan de las manos sin apenas enterarnos.

Si somos de los que nos apuntamos al carro de “la vida son dos días”, será hora de generar cambios, de replantearnos la dirección en la que caminamos, de revisar nuestras metas, nuestros intereses, y de pensar en reconstruirnos o reinventarnos. Seguramente no estaremos gestionando bien nuestro tiempo y tampoco emplearemos las energías en lo que, realmente, deberíamos. Posiblemente, viviremos una existencia aceptable, sin grandes expectativas y renunciando a las cosas que, de verdad, nos hacen vibrar en pro de la falsa seguridad que parece proporcionar la rutina y la acomodación (la tan citada zona de confort).

Nuestros días comenzarán a alargase y la percepción del tiempo a dilatarse, a medida que comenzamos a caminar hacia la vida que, de verdad, nos apetece vivir, aprendiendo a disfrutar mucho más con lo que hacemos. Es entonces cuando todo nos parece especial, cuando nos levantamos agradeciendo cada amanecer, cuando volvemos a experimentar la magia de cada día, tal como lo vivíamos de niños.

Pero…

¿Cómo consigo enriquecer mi vida, aprovechar mejor mi tiempo, disfrutar más de lo que hago?

He aquí algunas ideas que pueden ayudar:

  1. Descubre tus auténticos intereses, tu propósito, lo que te hace vibrar, aquello por lo que vale la pena levantarse cada mañana, lo que te ilusiona, lo que te hace disfrutar.

No es tan difícil como pueda parecer. Tú lo sabes, aunque lo hayas ido relegando a un segundo o tercer puesto en las prioridades de tu vida.

  1. Gestiona bien tu tiempo, aprendiendo a priorizar, dándole los primeros puestos a lo urgente y necesario y los últimos a lo no urgente e innecesario. No te olvides de incluir entre lo importante aquellas cosas que te generan placer, bienestar o una agradable sensación de paz.
  1. Aprende a encontrar el punto de disfrute en todas tus actividades, por monótonas o rutinarias que te puedan parecer. Cuanto más esté en el aquí y el ahora, mientras las realizas, mayor disfrute y alegría te proporcionarán. Dejar de darle vueltas a la cabeza mientras realizas tus quehaceres diarios te hará descubrir la magia de cada día, de cada momento.

La vida, tu vida, es un regalo inmenso que apenas valoramos mientras vivimos, hasta que tememos perderla. Es entonces cuando nos damos cuenta del tiempo perdido, de lo que pudo haber sido y no fue, de las oportunidades que dejamos pasar y del profundo deseo de disponer de más tiempo para vivir la vida que no vivimos.

Estás en el lugar correcto y el instante adecuado para comenzar a realizar ese deseo ahora, antes de que llegue el final del trayecto. Estás en la situación perfecta para acometerlo con pasión, dándote cuenta de que nada tienes que perder y mucho que ganar, si te atreves a aprovechar el tiempo disfrutando plenamente de tu vida.

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